Cuando era pequeño, las ranas eran para mí Rubieras verdes: ellas me anunciaban, en vivo y sin margen de error, que había par de chubascos a la vuelta del tejado.
Las ranas movilizaban en casa el consejo de defensa y, al escucharlas, todos sabíamos qué hacer en previsión de gotas que, sin falta, iban a caer. Era música pura el tic tac sobre palanganas y cazuelas de dispar acústica como banda sonora del coro de los batracios más desafinados de este mundo.
Las ranas eran mis compañeras de baño en aquellos interminables aguaceros que parecen perdidos para siempre, tal vez un pedazo más en la inmensa rodaja de mercado que voló cuando el finado campo socialista se llenó de maleza.
Una amiga que tiene la embotelladora virtual más hermosa que conozco ―donde llena los frascos de afectos y los regala, sin comprobantes ni etiquetas― relató hace poco la historia de la rana que, tras recibirme en casa hace unos años y partir al medio las cuitas de ambos, desapareció sin más, como verde unicornio.
Croando la dejé, y desapareció. Yo, que sé el tamaño de Silvio, no me atrevía a escribirle una canción, pero quedé igual que el trovador: dispuesto a pagar, por la información que ruego, los cien mil o un millón... que jamás voy a tener.
No se conmovió, no vino, parece que nadie sabe de ella. Sin embargo, justo ayer vi otra: más pequeña, más traviesa, más esquiva, pero con la seductora estampa de rana de compañía de su antecesora. Estaba en el mismo lugar donde vivió la otra. Mar pensado, como soy, quiero imaginar que es la hija de aquella (¿que encontró pareja y se mudó a casa más amplia?) y viene a reclamar sus derechos dinásticos en mi lavadero.
Cuando la vi, retrocedí con sigilo, me aparté callado, temeroso de espantar con mi brisa de encantador de ranas a ese ángel sin alas que, en lo que me acompaña, pudiera de un canto devolverme todos mis aguaceros.
viernes, 16 de diciembre de 2011
jueves, 15 de diciembre de 2011
León en la cola
Tras el taquillazo, las ventas, los flashes, la manada de admiradoras y los autógrafos, el Rey León viajó por fin a Las Vegas. Allá se quedó, como un simple emigrante económico. Dicen que hoy es empleado del rey neón.
miércoles, 14 de diciembre de 2011
Intifada
Hace un tiempo, Yasser Arafat fue llamado de urgencia a conducir la lucha en otro frente: Abu Ammar partió y vio con agrado cómo sin armas allá arriba, ¡sin piedras siquiera!, las almas palestinas tiran fragmentos de nubes al agresor porque los muertos israelíes no las dejan descansar en el Cielo de su pueblo.
martes, 13 de diciembre de 2011
Indignados
Definitivamente, la soledad sabe escoger muy bien su compañía. Mucha gente buena, muchas almas claras, parecen ya ser parte de sus íntimos.
—Es la época de la comunicación -chillan los aparatos.
—Es la era de la incomunicación -calla la gente.
Los individuos jamás nos vimos a tal extremo individuales. Y es así como Doña Soledad, ese vacío con nombre de bolero y atuendo hermafrodita, atrapa en las esquinas a un montón de ellos y a una porción de ellas que estando tan nosotramente cerca viviremos a lo vosobramente, negados a juntarnos.
Varios amigos, y amigas por montones, escriben a menudo sobre esta seductora del todo indeseable que les separa incluso del prójimo más próximo.
Pero por suerte hoy corren tiempos de revuelta. Los solitarios pudiéramos juntarnos e ir de huelga. Pudiéramos sumarnos e ir de juerga. Pudiéramos jugarnos e ir de suma. Pudiéramos vestirnos de indignados y dejar en su casa de gobierno, muy solamente sola para siempre, muy suyamente suya sin pareja, a esa negrura pálida llamada Soledad.
lunes, 5 de diciembre de 2011
Fertilidad
En la apasionada Italia, el dueño de un viñedo ha hecho un gran experimento: colocó altavoces al pie de los surcos y comprobó cómo las matas que escuchaban música, la "belísima" música clásica, crecían más vigorosamente y parían más (mucho más) y mejor (molto mejor), que las otras.
Al enterarme, comprendí por qué una parte de las mujeres del mundo paren cada vez menos.
Al enterarme, comprendí por qué una parte de las mujeres del mundo paren cada vez menos.
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