miércoles, 22 de mayo de 2013

El proceso



Seguramente la gran prensa no hablará de su desgracia: tomaba el sol en Tijuana y, sin más ni más, la secuestraron a lo alto. Luego la condensaron sin ningún miramiento para dejarla caer estrepitosamente. Cuando al fin pensaba descansar, fue esposada y detenida por agentes federales que quieren saber cómo ella, la gota de agua, entró sin documentos a territorio estadounidense.


miércoles, 1 de mayo de 2013

Réquiem por una crónica azul

Mi crónica azul ayer se me perdió. Pastando la dejé… ya ustedes imaginan el resto. Hace algún tiempo la crónica no viene a mis cuartillas, parece no gustar de las carnadas que le pongo junto a la máquina de escribir —mi computadora de la tercera edad no es sino una buena máquina de escribir— y se va a cenar, y a ser cenada, en los predios de otros colegas.
 

Creo saber por qué me abandonó la crónica: por intentar sumergirme en su teoría para ciertas ponencias inciertas, por descubrir indiscretamente sus secretos cuando su esencia misma es el misterio. A ella no se le podría reparar como al motor de un auto o a la lavadora doméstica, porque se rompería definitivamente.
 

Parece que lo intenté y me respondió: se fue molesta, medio cubierta y medio desnuda, que es lo mismo y ruboriza igual. Se fue ofendida y ahora yo, que le llevo flores y le hablo de Martí y Rulfo, de Camba y Sexto, no logro convencerla. No la seduzco siquiera leyéndole dulcemente, maríamente leyéndole, los versos de la Loynaz.
 

La crónica es género orgulloso: ninguno exige tanta entrega del autor, tanta fidelidad acuartillada, tanto detalle de novios recientes. La mía, que es una sola con muchas anécdotas, viste de azul, no de mezclilla sino de cielo, que es el único tono que parece sentarle. Y azul se me perdió.
 

Yo estoy aquí, especie de Penélopo que espera que su reina escrita vuelva tras una cronisea homérica que, seguro, incluye en su periplo batallas, naufragios,  peligros, cantos de sirenas, amores y otras letras. Y tejo y destejo otros trabajos esperando que ella vuelva para evitar que nuevas pretendientes —la información formal, el reportaje de un solo tajo, la entrevista sin vista…— ocupen su espacio.    
 

Mi crónica azul ayer se me perdió. Desapareció a mi vista, mientras pastaba en mi pecho. Aunque no tengo maneras de pagar cualquier información, solo espero que, si no vuelve, haya ido a cabalgar en el unicornio de Silvio.

sábado, 27 de abril de 2013

La fruta madura

Por fortuna, cuando muchos olvidan queda la Historia —una dama que se conserva muy bien para la edad que tiene— con su muy buena cabeza para las fechas. Fue ella quien recordó que este 28 de abril cumple 190 años la poco agropecuaria Doctrina de la Fruta Madura.
 

Aunque torcido, el derecho de autor es de John Quincy Adams, entonces secretario de Estado, luego presidente. Johncito habló por primera vez del fatalismo geográfico cubano que, tras “espera paciente”, permitiría a Estados Unidos hacerse de la Isla como su “adquisición más interesante”, al decir de otra perlita: el presidente James Monroe.
 

Ha llovido un poco desde entonces y la manzana sigue en su rama. Muchos no lo entienden; otros no quieren creerlo, pero es muy sólida la evidencia: como el dinosaurio de Don Augusto Monterroso, ella está ahí, a la vista, en cada despertar. La fruta se ha aferrado a lo suyo con amor caribeño a pesar de las plagas endémicas —que las padece—, pero debe aclararse que la espera del vecino no es ni paciente ni limpia: a cada rato instruyen un gusanillo ducho en las cosas de Newton para que apresure el proceso de la gravedad.
 

De vez en cuando, incluso, alquilan a un toro salvaje para sacudir la mata con bovina violencia. Sin embargo, ni con esas... Cuba, que es una tierra sin manzanos, ha de tener la manzana más vieja del mundo por cosechar. Así de especial será cuando tanto se quiere tumbar, cuando tanto se quiere salvar; así de orgullosa, cuando mece su aroma bajo el firmamento de una sola estrella y rechaza el pronóstico de colgar su belleza en el cielo florido de galaxia ajena.  

jueves, 25 de abril de 2013

Ladrar español

Supongo que fue por el Día del Idioma, 397 abriles después de que Don Miguel callara para siempre y se fuera de este mundo. Estaba sentado en casa, viendo un programa sobre ese misterio que es el español hablado en Cuba. El espacio, de cuyo nombre no quiero acordarme —créanme que esta vez merezco ser el dueño de la frase—, se trasmitía nada menos que por el Canal Educativo.
 

Alguien abordaba transeúntes en la calle. Casi todos reconocían los tajazos que a diario propinamos a nuestro idioma y, para no dejar dudas, los demostraban en sus palabras, a cielo abierto, quién sabe si con honestidad o con desparpajo. Entonces tocó el turno a un niño de unos ocho o nueve años: “¿Cómo hablamos los cubanos?”, le preguntaron.
 

—¡Sabroso, rico, porque nosotros sí gozamos…! ,-respondió el muchacho con la correspondiente mímica acompañante.
 

Hasta ahí yo estaba apenas apesadumbrado, tranquilamente dolido mientras calculaba el trabajo que nos dará en unos pocos siglos retornar a la jungla y volver a treparnos en los árboles, considerando que, pese al notorio interés que mostramos para hacerlo, desaparece la jungla y hay cada vez menos árboles, porque si nos rehusamos a articular, ¿cómo vamos a querer sembrar?
 

Hasta allí fui un duelista controlado, púgil en esquina blanca, soldado lejos del frente, pero cuando de veras quise ir a Lepanto, rescatar el arcabuz que hirió la izquierda de Cervantes y perseguir a los mismos malandrines que en La Mancha sulfuraban al Quijote, fue cuando escuché a quien hacía la encuesta televisiva —no sé a quién asaltaría para hacerse de un micrófono— declarar frente a cámara, con una sonrisa de levante a poniente:
 

—¡Este niño va a ser tremeeendo orador! 

jueves, 18 de abril de 2013

Evolución

¿Y qué pasa si mañana descubrimos la verdad, si de repente nos enteramos que jamás hubo palabras y seguimos siendo mudos, escandalosamente mudos, en plena Era del Ruido?
 

¿Qué tal si comprendemos que las letras no fueron más que un largo sueño de las manos, amor platónico, pretendiente sin dote, sin ningún tipo de seducción cerebral?
 

¿Y si nos quitan de este trono que quitamos, si la jungla nos obliga a pasar sin privilegio y nos da un lugar modesto que nos aplaque el orgullo?
 

¿Qué pasa si perdemos la articulación y debemos aprender a articularnos?
 

¿Imaginas que la boca solo sirva para abrirse en buen asombro ante un paisaje virgen? ¿Imaginas algo virgen? ¿Imaginas?
 

¿Has pensado en la posibilidad de no saber besar, de que todos los labios del mundo vuelvan al kilómetro cero y se regalen la ilusión de descubrirlo?
 

—Yo fui el primero en besar el Labio Norte -proclamaría un explorador de luengas barbas mientras tres o cuatro buscadoras se disputan el honor meridional.
 

¿Qué pasa si la vida en su carrera tras la muerte, si la muerte en su escapada de la vida, se conceden una tregua y tenemos que recordar, miles de siglos después, cómo era decirnos el amor con los ojos?