jueves, 15 de agosto de 2013

La música láctea


Parece que es serio: Camagüey se ha propuesto regresar a sus buenos tiempos ganaderos, no porque monte su panza de provincia mayor en la máquina de H. G. Wells (que si pasara por aquí, tendría serios problemas para mover semejante multitud de interesados) sino porque comienza a rescatar, poste a poste, la red de vaquerías más extensa de Cuba.

Se piensa en grande. En unos tres años, se aspira a rescatar del abandono, la maleza o la mediocridad productiva unas 370 vaquerías típicas y unas 500 rústicas. En su época dorada, cada una de las típicas podía entregar al año 200 mil litros de leche. Con el tiempo, las cifras mermaron como mismo bajó el nivel en las jarras domésticas.

Hace poco estuve en una de estas vaquerías: la 5-15, que en 1971 fue inaugurada por el mismísimo Fidel Castro. Ahí están las fotos en que el Comandante cubano conversa de tú a tú, como siempre hizo, con los guajiros. Uno de ellos, Oscar Castillo, le respondió que para trabajar él solo necesitaba un caballo, una montura y un lazo, pero Fidel le dio mucho más: empezó a fomentar la cuenca lechera, un proyecto como Dios manda, en caso de que el Creador se dé sus tragos de leche.

Bueno, les cuento: en la 5-15 hay de nuevo cercas electrificadas, panel solar, calentador de agua y hasta sala de ordeño con aire acondicionado. Vaya, que uno, que vive con sus zozobras, siente deseos de convertirse en "vaco", seducir a una de aquellas afortunadas y permutar para allá. Sin embargo, lo que realmente me dejó pasmado fue un detalle: las bocinas. Porque hasta ponen música indirecta para que las vacas se concentren y, como suelen decir en cámara los deportistas cubanos, den lo mejor de sí.

Todo muy bonito, pero me fui con una preocupación. ¿Qué vaca escoge la música? Porque si en la rampa de ordeño coinciden la mulatísima Rosalinda, que gusta de la buena rumba; la romántica Perla Yerbina, seguidora de la trova; la recatada Ubre Franca, amante del bel canto; y la picantosa Fogaje, fanática al reguetón, la disc jockey a cargo puede vérselas en aprietos. Es que los cubanos somos así de apasionados: un simple desacuerdo musical puede llevar a la huelga en la sala de ordeño y este hermoso proyecto de rescate pararía en un naufragio.

6 comentarios:

  1. jajaja, cuidado que debemos tener, no sea que las vacas resulten vacas locas y se alcen en huelga por esta o aquella musiquita....

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    1. Así mismo: nunca hieras la sensibilidad de una vaca. Ellas también tienen su corazonzote.

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  2. A ponerle Mozart!!! a ver si dan terneros más inteligentes :)

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    1. Mar, vamos a ponerle un CD de Björk a una vaca cubana a ver qué tipo de leche da. Creo que me va a gustar, ¿qué dices?

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    2. Pues yo me apunto, pero a otra vaca la Sabineamos. De acuerdo??

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    3. Claro, Mar, no dudes que en esas nuevas unidades haya quien quiera ser una vaca Almodóvar. ¡De película!

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