lunes, 23 de septiembre de 2013

Ciudad en pantalones

Ya lo sintió en carne propia el filoso Pedro Navaja: la vida nos da sorpresas. Acabo de enterarme, por la nota de un amigo, de una disposición interesante que rige en nuestro Camagüey, la bella ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Miren ustedes: resulta que en el centro histórico de nuestra apacible urbita de casi 500 años y poco más de 300 mil inquilinos no se puede uno pasear en short porque corre el riesgo de ser multado. 

Quien no me crea debe saber que puedo demostrarlo: un bicitaxista, que no por gusto se llama Cándido, fue cogido in fraganti pedaleando por la ciudad con las piernas desnudas como si tal cosa. En su defensa debo agregar que, por muy cándido que pudiera ser Cándido, el hombre indagó lo suyo, porque no entendía la medida.

No se alarmen; yo no pienso exhibir a plena luz este par de canillas que Dios me dio con generosidad y un poco de lástima y que, de tan flacas, integran el patrimonio intangible de la ciudad, pero he ideado un proyecto para auxiliar a quienes pretendan infiltrar sus extremidades peludas en tierra de pantalones.

Algo que pueden hacer es conseguirse un GPS que les avise el momento exacto del paseo en que se aproximan a esa zona de 55 hectáreas declaradas Patrimonio  por expertos de la Unesco muy dados a los shorcitos. ¿Qué hacer cuando a mitad de una cuadra el aparato comience a pitar? Fácil: en ese momento abren la mochila que prepararon para el cambio y allí, en plena calle, se ponen el largo esmoquin antimulta hecho a base de cuero de vaca, vinil, lona velera y hule petrolero.

Lo otro son los turoperadores extranjeros: hará falta sugerirles que informen a los potenciales viajeros a Camagüey que no coloquen en sus maletas nada de piezas de patas cortas. ¿Por qué? Porque si a un mulato oriundo de la ciudad se le sanciona el atrevimiento, yo supongo que al pálido visitante que muestre sus pantorrillas entre el Tínima y el Hatibonico la insolencia le cueste unos cuantos euros.

Pese al plan tengo mis dudas: ¿pueden o no los niños? Porque un niño privado de short es apenas un enano. Entonces, ¿se permitirá el short hasta una edad o hasta una altura? Quizás una cinta métrica ubicada en la antigua Plaza Mayor pudiera marcar el salvoconducto de aquellos menores de 1.60 metros, por ejemplo. ¿Que su muchacho es joven, pero espigado? ¡Pues que madure… póngale unos pantalones!

Está también lo de la igualdad de género. Me imagino que, si Cándido fue multado, cualquier día empiecen a llover las multas para esa legión de Cándidas que, con toda inocencia, colocan la línea de flotación de sus shores cada vez más alto, en franca zona de pesca.

De todos modos, puede que buena parte de este proyecto sea innecesario. Si a fin de cuentas no se permite usarlos, lo más pragmático sería avisarles a los gerentes de las tiendas de la zona más céntrica de la ciudad que no pierdan tiempo mercadeando piezas cuyos compradores están de antemano impedidos de ponérselas.   

Un sencillo bicitaxista de Camagüey se quedó sin entender, pero seamos optimistas. Tal vez los expertos en artes y ciencias de la Unesco se reúnan por nosotros en un gran cónclave y alcancen a ver las sublimes razones de esta normativa. O quizás un día nos den el premio del estoicismo por renunciar al short justo aquí, donde el trópico no puede más de calor. Nunca se sabe.     

8 comentarios:

  1. Un placer leer algo tan bien escrito. Con humor, filo, contrafilo y punta.

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    1. El placer fue escribirlo. Gracias por su comentario.

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  2. Mila, amigo: Te la "comiste", como decimos en buen cubano. Tienes toda la razón y ojalá el cónclave sea pronto, besitos

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  3. Cuqui: Discrepo; yo creo que los que se la comieron fueron otros. Gracias por volver.

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  4. Mila: Claro que otros se la comieron, pero tú lo hiciste por tu especial manera de decir, a eso me refería. Gracias a ti por deleitarnos...

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  5. Carlos Luis Sotolongo Puig1 de octubre de 2013, 19:03

    Síiiiii!!! Por fin puedo comentar!!!
    Solo le pido a Dios, como cantaría Ana Belén, que estas "genial iniciativa" no llegue a mi Trinidad, mi villa del alma... De ser así no sé qué me haría yo, que vivo en pleno corazón antiguo de la ciudad!!!
    Esperemos y se trate de una fiebre, un virus más que pasará efímero...
    Saludos desde la Isla nuestra de cada día, donde sí está permitido usar shorts jejeje.

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    1. Carlos Luis: ¡Qué bueno que puedas comentar! ¡Qué bueno para mí ser "comentado" por ti! No te preocupes: pese a lo que sugiere el título de mi post, mi ciudad todavía se siente niña, pegada a sus 500, y la gente se sigue poniendo sus shores de jugar. Mi texto, que partió de una barbaridad real, apenas pretendió burlarse un poquito ( o un muchito) de las sagas de San Nicolás del Peladero que nos quedan, pero está claro de que la normativa de marras no pasará de un papel engavetado que a alguien (dicen que en los '70) se le ocurrió garabatear. Bueno, que se repita tu visita. Trae siempre tu ropa de hermano. Un abrazo.

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